La Rosa de España
(extracto y adaptación)
(Creado Taller de escritura creativa Santo Tomas)
Caroline era una auténtica Lancaster, por el color de los ojos y de los cabellos dorados, que habían sido los rasgos de sir William. Gabriel había heredado los tonos de su madre, sus cabellos negro azulados y sus sorprendentes ojos verde esmeralda. Y sin embargo, cuando los dos hermanos estaban uno junto al otro, el parentesco era inequívoco. Ambos eran altos, los dos tenían las mismas cejas negras bien dibujadas, y los rasgos finamente cincelados tenían muchos puntos de semejanza. Así, Caroline era sencillamente una versión femenina de Gabriel, y a pesar de la diferencia de edad había un profundo lazo de afecto entre ellos, quizá ahora más fuerte por la desaparición de los padres.
Habían pasado muchos años desde la última vez que los vi, por lo que casi se me va el aliento. Fue muy difícil interrogarlos, por la cercanía que tenía con sus padres, pero era mi trabajo. Le hice a la sirvienta un ademán para que se retirase de la habitación, y ella se excusó diciendo que traería el té.
- Señores míos, permítanme darles el pésame y me disculpo por venir a interrogarlos con el tema de sus padres tan reciente, pero es precisamente ese el caso que estamos investigando, por lo que necesito que sean muy claros y sinceros respecto de todo lo que sepan, para que puedan ayudarnos a esclarecer esta situación.
Ambos asintieron, se tomaron de las manos y se miraron fijamente por un momento, como si se comunicaran así.
- Bu-buen-no… mmm- se apresuró a decir el joven Gabriel- Nosotros en realidad sí sabemos algo.
- Nuestros padres nos dieron esto la noche que desaparecieron- interrumpió la joven a Gabriel y me extendió un papel doblado en muchas partes.
“PERDÓN HIJOS, ESPERAMOS QUE ALGÚN DÍA PUEDAN ENTENDER. NO CONFÍEN EN NADIE. CON AMOR… MAMÁ Y PAPÁ”
- No sabemos qué significa- habló de nuevo la chica y miró a su hermano por unos segundos- Pero…
- Pero…
- Creemos que tiene que ver con esos experimentos que hacían en la universidad.
Quedé pensativo un momento, la muchacha tenía razón. Le agradecí y me fui. Cuando iba conduciendo hacia la estación pensé y caí. Era obvio, la investigación genética que ellos hacían algo tenían que ver. ¡Cómo no lo vi antes! Pero algo no me calzaba, y era que si ellos sabían el peligro que traía su trabajo, por qué dejarían a sus hijos desprotegidos. Entonces sonó mi teléfono. Era de la mansión Lancaster, contesté y oí una risa burlesca y tenebrosa, junto a gritos terribles de fondo. Di la vuelta de inmediato y me dirigí a toda velocidad hacia la casa. Se veía fuego, y no fue necesario entrar a los jardines para distinguir en el portal dos cuerpos colgados ahí.
Me quedé petrificado y temblando. Llevaba 10 años de detective y nunca pasé por algo tan espeluznante. Esto recién comenzaba y yo era el encargado de descubrir los misterios que rondaban a esta mansión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario