Hilo rojo del destino
Conocer todos los misterios del universo es igual de imposible que contabilizar cada estrella en el cielo, sin embargo, hay uno que conozco muy bien, es más, es parte de mi vida. “El hilo rojo del destino”: Se trata, según la creencia japonesa, de que tenemos un hilo rojo invisible atado en el dedo meñique, el cual nos une a otro ser, uno que estamos destinados a conocer y a veces esa persona es tu otro yo; este hilo no se corta, no importa distancia u ocurrencia, en cualquier momento se toparan.
Fue el verano del ‘99 cuando la vi por primera vez; el agua rebosaba en los ríos, la tierra era fértil y la alegría y el amor florecían por los alrededores. Estábamos ahí parados... solo nos miramos, fueron los cinco minutos mas intensos de mi existencia... yo le vendía un boleto de avión, seguro que solo era turista, porque desde entonces, no la volví a ver por un largo tiempo.
He pasado los últimos trece años pensando en ella, fue amor, lo se. Cada día perdía más y más la esperanza, mi corazón se marchitaba a la par con la sequía del valle donde vivo... pero al fin llego el día en que la vi otra vez, si, ¡LA VI OTRA VEZ!, y se que fue el destino, porque cuando nos miramos lo sentí, en su maravillosa sonrisa, en el ligero tono rosa que invadió de pronto sus mejillas... y lo supe porque me vi en sus ojos... nos vi juntos. como dice Gabriela Mistral en su obra titulada “besos”:
“Hay besos que
pronuncian por si solos
la sentencia del amor
condenatoria,
hay besos que se dan
con la mirada.
Hay besos que se dan
con la memoria...”
Y así fue como nosotros nos besamos con tan solo mirarnos y, sin siquiera conocernos, sabíamos que estábamos convictos en este magnifico amor.
Debemos dejar que el destino tome su curso, no forzarlo, resignarnos a sus parajes. Si llega una buena oportunidad, tomarla. Si llega alguien único e inesperado, no dejarlo ir, y vivir... solo VIVIR.
No hay comentarios:
Publicar un comentario