Caminaste dormido
El calor abrazador que emanaba de aquel fogón en la habitación conjunta, me mantenía en un terminal estado de somnolencia, del cual no podía escapar ni con el café más delicioso de la tierra.
Me sentía atrapado en los brazos del sofá rojo con toques románticos, que me arrulla cada día a esa hora . Aunque ansiaba escapar del placentero sueño que luchaba por llevarme consigo en cualquier instante, la somnolencia me traía encadenado y no me permitía seguir con mis labores académicas.
Fue entonces, cuando a punto de rendirme en los brazos de Morfeo, te vi cruzar el laberinto de pasillos y pasadizos característicos del monumental colegio de varones eclesiásticos. Quise soltar el lápiz con el que revisaba las pruebas, mas éste ya se encontraba en el piso, junto con varios papeles. Volví a mirar en la dirección que te había divisado hace tan solo un instante, pero ya no estabas ahí. De pronto, un grito desgarrador brotó de la habitación contigua, en la cual el fuego avivaba con fiereza.
Tenías la cabeza sometida al poderío infernal de las brasas y un compañero tuyo, con las manos cubriéndose la cara aterrado, de rodillas junto a ti sollozaba con la respiración entrecortada.
Luego de dudar un momento tras el shock, corrí a zafarte de las garras animalescas de las llamas que se defendían y no querían perder la contienda. Cuando logré al fin rescatarte del fuego, trozos de tu piel caían de a gotas a mis pies.
El chico volvió a gritar y caíste de bruces frente a mi con la mirada suplicante, pero perdida quizá en una pesadilla de terror.
- solo dormía... solo dormía - dijiste. Y la vida te abandonó sin más.