Era como en King-Kong: insectos gigantes nos rodeaban. Un gusano cae sobre Sandra, cuando traté de salvarla, el anélido le quitó la ropa. La vi en paños menores frente a mí, a tan solo unos centímetros. Hipnotizado, me acerqué a ella, la besé e hicimos el amor mientras se nos acercaban para deborarnos el resto de los insectos. Fue el momento más erótico de mi vida. Ahorta solo estoyu seguro de dos cosas, primero: no volveré a ver King-Kong de noche; segundo: no podré mirar a Sandra a los ojos otra vez.